La noche del 30 de abril

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Anoche mi hermano casi muere. Íbamos hacia wall-mart y él corría de un lado a otro. Le dije a mamá que lo tomara de la mano pero dijo que él ya estaba grande, que él podía cruzar. Yo me sentía inquieta, doce años no son tantos para que un niño sea conciente de cruzar la calle. De pronto cruzó sin voltear a los lados. El paso furioso de una camioneta café lo atropelló y pasó sobre él, sólo note lo fuerte que rebotó su cabeza contra la defensa de la camioneta. Corrí desesperada atrás de la camioneta que rápido se paró, noté que dentro sólo venían chavos de aproximadamente dieciseis y diecisiete años. Yo lloraba y les gritaba con coraje, ellos estaban asustados mientras sostenían vasos con cerveza entre sus manos.

Me dirigí hacia mi hermano quien sin complicación alguna se levantó y sólo presentaba un corte en la palma de la mano derecha. Menos mal que no le pasó nada, sino yo me hubiera muerto junto con él. Lo amo demasiado. Los jóvenes se fueron tranquilos y mi mamá juró que ya nunca más lo soltaría de la mano cuando se tratara de cruzar la calle.

Después de ese suceso se fueron a casa y yo fui a visitar a mi amiga Nora. Llegué a su casa y su mamá hacía tortillas de harina. Me senté en una silla a su lado y comenzamos a platicar. Noté que a un lado estaba la tortuga que yo le había regalado a Nora hace un año y ahora ya no era tan pequeña. Yo llevaba una tortuga en una cajita de zapatos. Tomé la tortuga de agua de Nora y la junté con la mía en la caja de zapatos. Sin pensarlo comenzaron a aparearse. No se detenían y no podía separarlas, así que sólo esperé. Cuando al fin terminaron, la tortuga de Nora "dio a luz" a seis tortugas color marrón. Estas tortugas no tenían parecido a las dos tortugas que habrían de darles la vida. Eran agresivas y si las tocabas se pegaban a tus manos como sanguijuelas y tenían enormes mandíbulas que sin exagerar eran más grandes que el resto de su cuerpo. Minuto a minuto, mientras la mamá de Nora platicaba, las tortugas se apareaban unas a otras y tenían más y más tortugas. La mamá de Nora sólo hablaba fijando su ojos en las tortillas y riendo de lo que me platicaba. De pronto Nora gritó que ya casi salía. Pronto traté de sacar su tortuga de mi caja, pero no la encontraba; ahora eran casi cuarenta tortugas color marrón que crecían minuto a minuto y yo sólo debía sacar la tortuga de Nora para colocarla en su pecera. Las tortugas comenzaban a salirse de la caja y se pegaban como trozos de cinta a mis dedos, mordiéndome y quemando mis dedos. Al fin había encontrado la tortuga de Nora, pero ahora sólo quedaban su piel, el disfraz de lo que había sido una tortuga. Nora se acercaba y rápido coloqué la pielesilla de la tortuga en la pecera. Ahora la tortuga era una rana con cabeza de tortuga. Cuando Nora salió, sólo la salude y huí de su casa.

Más tarde fui a visitar a una amiga que trabajaba en wall-mart y a su novio Walter. Se peleaban porque ella no quería cocinar y sólo les dije que no perdieran el tiempo peleando por tonterías y que tomaran un curso de cocina. Se dieron un beso y me dijeron que conociera a sus mascotas. Fuimos a un cuarto de dos pisos y tenían un bonito mapache y un oso, que para mi sorpresa eran cuidados por una buena amiga que conocí por internet: Cecilia Farías. La saludé de lejos porque estaba alimentando al oso y me dijo que era feliz cuidando a los animales y durmiendo con ellos. ¡Qué fantástico fue verla ahí con su casco amarillo y su playera blanca, nunca habría imaginado que sería capaz de cuidar animales para ser feliz!

Me fui a mi casa y me eché a dormir a las 10: 04 a.m. Estoy preocupada por la tortuga de Nora, espero que no se enoje conmigo. A ver qué sucede mañana Viernes. Buenos días.

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