12 de mayo 2009 después de la 1:00 a.m.

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Mamá y yo fuimos a la casa de mi tía a las 3:00 a.m. Cuando salí a echar un vistazo a la calle vi un vagabundo que iba pasando, se veía cansado muy cansado. Rápido se acercó a mí y me mostró un recién nacido envuelto en un pedazo de tela muy sucio. Me dijo que si lo quería y que sólo le diera diez pesos por él. Sin pensarlo se los di y me entregó al pequeño niño. El hombre se fue y desapareció se notaba tremendamente turbado. Entré a casa y le mostré a mamá al niño y dijo que era una completa estúpida, pues ni siquiera sabía de quien era. No me importaba yo quería cuidar de ese pequeño. Lo puse en la cama y lo destapé y me di cuenta que no tenía piernas. Lloraba mucho. Estaba sucio de su carita, tenía sangre seca, estaba completamente desaseado. Nada me importó y a ahora el niño es mío. Sería bueno que ÉL estuviera conmigo para que ambos cuidaramos del pequeño bebè, pero no es posible.

Dios mío. He ido a la iglesia dos veces en este mes. No sé porqué. No es que crea en Jesucristo, pero sólo es que por ahora he tenido la necesidad de creer en algo. Tal vez sea en Dios, en alguna mentira que quiero creer verdadera o hasta en mí misma. Han pasado dos meses y todavía lo extraño. Si tan sólo estuviera aquí, ambos podríamos cuidar de este niño tan hermoso.



Ana.

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