Afuera todo es borroso
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Mientras dormía

Hoy agité una bola de vidrio con agua y brillantina por dentro. Era una bomba. La casa en la que estaba comenzó a temblar y pronto esa bola de cristal comenzó a crecer. Memo abrió la puerta para ponerla en la calle y cuando abrimos la puerta todas las cosas se veían borrosas: las casas, los árboles, las hojas secas que iban entre el viento y hasta el mismo viento. Todo se movía rápido, algunos hacia la izquierda y otros a la derecha. Echó la bola de cristal y cerramos la puerta. Cuando fui al baño salió un león que rozó mis piernas con su pelaje. Se mostró amigable y caminaba lenta y tranquilamente por la casa.
Según el diccionario de los sueños, dice que la presencia del león en la actividad onírica muestra que no hay que dar marcha atrás en las decisiones tomadas y que lo que sea que desee lo lograré. Según las interpretaciones de los sueños de Jung analizados por él mismo, todo apunta que esa afirmación podría ser posible. Haré lo que he querido hacer en estos dos últimos meses y confirmaré una vez más que el simbolismo onírico es real.
Con esto no trato de convencer a nadie, es sólo que me gusta y que lo adopto como una forma de vida. No necesito de una biblia ni de una virgen María, de Paulo coelho o de consejos que vienen de personas que tienen su vida echa una porquería para poder conocerme y tomar decisiones. Mis sueños me guían y son asombrosamente exactos, son la predicción casi diaria de lo que voy a pasar y recordatorios de lo que ya he vivido. Haré lo que sé que tengo que hacer.
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