La locura de Parla
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Mientras dormía

Yo vivo lejos del centro de la ciudad de Saltillo. El fraccionamiento en el que vivo se llama Mirasierra y supongo que por obvias razones, pues está junto a la sierra. Cuando estás por llegar al pequeño fraccionamiento pareciera que estás por adentrarte a una pequeña ciudad y por esta razón la llamamos la metrópoli Mirasierra muy parecida a la del "Joven manos de tijera". Junto a la metrópoli está la carretera 57 y cruzando la carretera hay una colonia que se llama San José de los cerritos. Esta colonia evidentemente es una de las más antiguas de la ciudad y lo digo por la construcción de las casas que están hechas de adobe y demás materiales que en la actualidad ya no se utilizan. Hace algunos años, en terrenos de esta colonia, por meses asentaban sus carpas grupos de gitanos.
Mucha gente murmura que en "los cerritos" hay señoras que se dedican a la brujería y demás actividades místicas por aquello de que en esa colonia hay muchos pirules, casas aisladas, ancianas y exceso de lechuzas, aves míticas por excelencia.
Yo no creía mucho en el misterio que hasta ahora ha guardado aquella comunidad hasta que lo viví.
El camión que me lleva al centro de la ciudad siempre pasa por esa colonia. Cuando pasa no me causa temor pues es una colonia aparentemente igual que cualquier otra. En mi recorrido por el camión nunca he visto algo que no haya visto en otros lugares: Terrenos baldíos, pandilleros en la esquina, pequeñas calles privadas, señoras sentadas afuera de sus casas con sandalias transparentes, niños jugando con la tierra, calles sin pavimentar, perros, señoras regando plantas, algunas quintas, jóvenes jugando futbol, entre muchas cosas más. Sin embargo, en el recorrido por esa colonia se pueden apreciar unas casas que me inquietan demasiado. Son dos casas de fachada francesa que yacen junto a un arroyo, están en un terreno muy extenso pero nadie las habita. Tienen los vidrios rotos, las puertas viejas y ningún indicio de que alguien haya vivido ahí por lo menos en los últimos diez años. Es extraña, muy extraña.
Mi curiosidad me llevó a echar un vistazo, así que en uno de mis viajes nocturnos decídí retroceder veinte años atrás y visitar el lugar. Había casas alrededor, una tienda de abarrotes y otra de ropa, un herrero y por supuesto las casas de fachada francesa habitadas.
Pasé por la casa, pero no vi nada extraño ni personas, así que fui a echar un vistazo a la tienda de ropa donde no encontré nada, pero si un joven de muy buen ver. Conversando con él me dijo que ya tenía que cerrar porque tenía que visitar a su novia. Salimos juntos y el tomó un camino diferente, yo crucé a la tienda de abarrotes donde pregunté al vendedor sobre las misteriosas casas. El señor me dijo que no hablara de eso y que tenía que cerrar porque ya era de noche. Salí y me dirigí a las extrañas casas. El sol se ocultaba lentamente y la gente que tenía que pasar frente a las casas pasaba corriendo con cara de miedo. En ese instante un niño pasó corriendo y lo detuve y le pregunté qué era lo que pasaba y sólo me señaló las casas y me dijo que si pasaba frente a ellas no volteara. No hice mucho caso, yo sólo quería saber qué era lo que pasaba, así que me dirigí hacia las casas. Cuando estaba por entrar a la casa el joven que conocí en la tienda de ropa salió corriendo, alterado, gritaba y lloraba y cuando me acerqué a él para tratar de ayudarlo noté que tenía su miembro sangrado entre las manos. Me asusté mucho y mi corazón comenzó a acelerarse en demasía, pero eso no importaba porque yo sabía que no podía pasarme nada. Así que entré a una de las casas. La puerta estaba abierta y en el primer piso estaba la sala. Comencé a observar y sólo tenían unos sillones, una mesa de centro y la ventana con cortinas de velo blanco. En ese instante comencé a escuchar unos gritos espantosos, unas voces que murmuraban rápidamente en voz baja, me daba la impresión de que alguien me acechaba. De pronto, salió una señora alta, de tez blanca, cabello largo más abajo de la cintura y negro. Lloraba desoladamente. Al verme se quedó pasmada cayendo en el sillón y me dijo que qué hacía ahí. Le dije que quería conocer su casa y me dijo que cómo era posible que me hubiera arriesgado a entrar. Me dijo que era muy peligroso pues los gritos de su hija Parla me volverían loca o me matarían, pues eso pasaba constantemente con la gente que la escuchaba y por eso la gente evitaba a toda costa pasar por ahí por las noches, pues cuando oscurecía su hija entraba en un trance demoniaco y no paraba. Generalmente quienes la escuchaban morían o se volvían locos.
La señora lloraba y decía que no podía más, que era muy doloroso ver a su hija en ese estado y estaba cansada de que su vida fuera tan poco normal. Por unos instantes los gritos habían cesado pero nuevamente volvieron a sonar por toda la casa, sobrepasando las paredes, atrayendo sonidos estruendosos y sucesos bastante extraños. Comencé a sentir un pequeño temblor dentro de la casa, las cortinas comenzaron a levantarse, y se oía el paso de un ominoso viento. Unas tazas que estaban sobre la mesa de centro comenzaron a tambalearse hasta caer. La señora, al ver esto se levantó del sillón para recogerlas y cuando se levantó, su largo cabello comenzó a tomar vida. Se levantaba y se movía haciendo figuras. Era impresionante cómo el cabello se levantaba y se dirigía a donde quería. La señora sólo lloraba resignada a obedecer las órdenes de su cabello. Yo no sabía qué hacer ni qué decir y sólo veía la desgraciada suerte de aquella pobre mujer. El cabello manipulaba a la señora a su antojo y así, se la llevó nuevamente por donde ésta había venido. Los gritos escalofriantes seguían al igual que el viento. De pronto, las cortinas también comenzaron a tomar vida, moviéndose con sutileza hacía abajo, hacia arriba y hacia los lados dando paso a grandes gatos negros que aullaban como si fueran el coro que acompañaba a los gritos. Yo no sabía qué hacer pues estaba increíblemente asombrada con todo aquello. Así que decidí adentrarme a la casa y buscar la procedencia de aquellos gritos infernales. Pasé por la puerta por la que se había ido la señora y seguí un pasillo que me llevó hasta un diminuto patio que sin exagerar medía cuatro por cuatro. Me paré al borde de la puerta y observé el cielo que estaba gris, lleno de viento como si estuviera enojado. Miré el pequeño espacio del "patio", si es que así puede llamársele y sólo había un tanque de gas y en el piso había ratas amontonadas, tapizando el piso una sobre otra, luchando, como si trataran de esconderse de algo. Intenté cerrar la puerta pero se abrió nuevamente, la puerta también tenía el poder de hacer lo que le venía en gana. Caminé silenciosamente y pronto me di cuenta de dónde provenían esos gritos aterradores. Caminé sigilosamente y al pasar por la cocina, la licuadora tenía sus aspas en movimiento, las cucharas, cuchillos y tenedores volaban sobre la mesa y el refrigerador temblaba. Era extraordinario ver cómo todo se movía al compaz de aquellos gritos desgarradores. Mientras caminaba por aquel pasillo había comenzado a percibir un olor a quemado, a podredumbre y muy nauseabundo. De pronto encontré una puerta y la abrí. Había una cama y una ventana con cortinas de velo blanco. Ahí se encontraba la señora que había visto cuando entré a la casa, pero ahora la señora estaba muerta, ahorcada. Su cabello se serpenteaba por su espalda, por el aire y en su cuello. El cabello la había matado.
Sobre la cama había una joven de tez muy pálida, de cabello negro y largo hasta la cintura, cabello que por supuesto también tenía vida. Se dividía en diminutas proporciones que se dirigían en difrentes direcciones. La joven estaba parada sobre la cama emitiendo esos gritos desgarradores que habían provocado la muerte de su madre. Ella me vio pero no trató de atacarme, sólo gritaba y se enfurecía más como si algo la poseyera. Sus pupilas estaban extremadamente dilatadas, sus manos y boca tenian sangre, cosa que me hizo suponer que ella había arrancado con sus dientes el miembro del joven de la tienda de ropa, su novio, que había visto minutos antes. De pronto sólo cayó sobre la cama y los gritos dejaron de cesar. Salí del cuarto y caminé por el pasillo. Al llegar a la sala sólo se sentía la quietud del aire que entraba por los orificios de los vidrios rotos de la ventana.
Salí y afuera de la casa estaba una camioneta que había chocado contra el barandal de la casa, dentro de la camioneta había un hombre muerto y más atrás de esta camioneta, el anciano de los abarrotes estaba tirado, muerto, tiezo, con los brazos cruzados como tratando de no ver algo o alguien. Ahora la noche dormía tranquilamente.
Ahora entiendo porqué la soledad de esas casas abandonadas. La locura de Parla, aquella bella joven neurótica y demoniaca era capaz de matar a las personas o de enloquecerlas y de despertar cortinas, cabellos y gatos negros.
Anallely Jaramillo
5 comentarios:
Fue estupendo leerte, haces que uno se imagine cada particularidad del ambiente… escribes muy bien
saludos
andrés
A mí me dio miedo... Pero lo leí completo. Me mantienes atento. Me gusta leerte.
Por cierto, crees que algún día surgirá algo en la propia metrópoli?
saludos
Claro que han pasado cosas en metrópoli, ¡y muy horribleees! Luego les cuento. Que bueno que les agradó chicos =) muchas gracias, por ahí estaré leyéndolos =)
di de casualidad en este blog a traves de mi amiga eugenia soria y definitivamente me impacto,juro que por momentos creia cada cosa real
no conozco mucho para la mirasierra pero por morbo debere ir un dia :D
ke onda nena
muy buena
pero komo ke parla??
mejor otro nombre komo ke mas raro jajaaj no tan comun
shido me kede hasta el final
algo ke nunka realixo jejeje
espero seguir en contacto
gracias por hacerme reir en las noches cuando estoy a punto de momir
5:25am :S
ke krueldad para mi dormir
besos
tkm tontis
espero ke puedas ir al cirko
prestame el libro !!!
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