La grandeza de lo cotidiano

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Trabajo en un cybercafè y hace dos dìas pasò una señora a la que le comprè bamboo en $10.00, me agradeciò la compra y me bendijo. Me sentì contenta por ese gesto tan humilde y por mi natural adquisiciòn. Cuando salì a limpiar la parte exterior del local, encontrè una hoja de la biblia tirada en la puerta. Leì sobre còmo la langosta tapizò la tierra entera, oscurecièndola y consumiendo toda su hierba y cualquier matiz verde que sobre ella hubiera. Si algo de esto fuera verìdico sigo sin entender porquè Dios hiriò de semejante forma a Egipto, cualquier error que haya cometido esa civilizaciòn, ¿no afirma la biblia y la comunidad religiosa que Dios es terriblemente bondadoso y capaz de perdonar? Si asì fuera, entonces no entiendo porquè lastimar de forma tan traumàtica a una comunidad, y si tuviera el indescriptible poder que se dice que tiene lo tendrìa tambièn para cambiar la mala conciencia humana. En fin, no me meterè en dudas de inùtil resoluciòn.

Vivì bien el dìa e ignorè el tiempo y me di cuenta de las extraordinarias cosas que hay mientras caminas por la calle de regreso a casa. Los distorsionados sonidos que genera el viento, el sermòn del pastor cristiano en punto de las 6 p.m., el movimiento de las hojas de los àrboles, un despeinado señor afuera de la vulkanizadora con su ropa manchada de grasa, un hombre esperando el transporte pùblico sentado en una banca con la cabeza baja, un bebè en pañales escapando de su casa, una morbosa madre tratando de ver que su pequeña hija de aproximadamente tres años bese a otro niño de su edad, una joven vendedora de ropa acomodando la ropa en ganchos que penden de la baranda de su casa, dos regordetas señoras en la esquina de una calle vendiendo hot dogs, un conjunto de holgazanes taxistas que le chistan a todas las mujeres que pasan frente a ellos, un solitario arroyo lleno de basura, personas obesas intentando correr y en el cielo bolitas de algodòn sobre un liso color anaranjado. Al final de todo este recorrido diario para llegar a casa, mientras camino, a lo lejos veo a mi mamà con su mano sobre la frente tratando de evitar el sol, esperando por mì.
Ese dìa tambièn escuchè song of the sea de Emilie Simon y me hizo recordar a los pingûinos, a Maga, a una extraña niña de ojos hundidos y cabello negro, desaliñadìsima; a bettle juice, a emily the strange, un gato sobre mi cama, ratas con cabeza de gato volando, un elefante brincando sobre las flores, el lento movimiento de las rayas negras y blancas de un pedazo de tela, un hombre atrapado en un cubo de hielo, un hombrecito con cuerpo de muñeco de algodòn y cabeza hidrocefàlica, un grupo de personas orando aceleradamente y con desesperaciòn con sus manos sobre mi cabeza, el cambio de ciclo lunar una y otra vez , un indio sentado con las piernas cruzadas y los ojos cerrados y a mi pelirrojo hijo muerto en el glaciar con sus manos sobre el pecho.
Acariciar la fresca rama de bamboo y pensar en todas estas simples y acogedoras imàgenes me hace ignorar el tiempo, soñar y sobre todo a olvidar que tengo que estar màs de 9 horas encerrada en un mismo lugar para ganar un sueldo miserable.



1 comentarios:

Anónimo dijo...

Conoces a uno que se llama Jhonatan Mora y creo que el te puede orientar respecto a temas referentes a la biblia.