Mónico

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Mónico, fue un ser muy especial. Era una pequeña tortuga macho que se caracterizaba por su largo pescuezo, su caparazón saturado de hexágonos, su lento andar y su piel escamosa, ceniza y grisácea. Se desplazaba lentamente por el suelo seco, acompañado algunas veces por especies del mismo hábitat.

Lo encontré en la carretera, en el paisaje semidesértico, caminando entre enormes lechuguillas, abundante gobernadora, veloces lagartijas, trabajadoras hormigas, piedras descoloridas y escasa sombra.

Yo, siempre festejaba la supervivencia de esa tortuguita tan bella porque muchas de sus compañeras morían en el intento por atravesar la carretera. Eran víctimas de la velocidad y el peso de los automóviles, eran aplastadas accidentalmente y sus restos quedaban dibujados en el concreto, desgastándose por el continuo paso de los autos, haciéndose polvo y perdiéndose en el viento. Así que cuando vi ese pequeño ser, rápidamente lo tomé y lo llevé a casa.

Al principio caminaba con miedo, avanzando pegado a la pared y clavando sus pequeñitas pezuñas en todo lo que estaba a su alcance. Al paso de 2 meses terminó su confusión y se habituó a su nuevo y plástico hogar.

Mónico era voraz, comía tomates completos y caminaba kilómetros en un hábitat falso que yo le había construído en el patio de mi casa. Al llegar el frío invierno, Mónico, fue víctima de un sueño profundo que duró seis largos meses. Dormía cómodamente, en mi recámara; sin preocupación alguna, sin abrir sus pequeños y vidriosos ojillos, sin comer. Se acomodaba en un rincón rígido y frío y pocas veces se movía.

Al principio cuidaba de él como si fuera un pequeño bebé recién nacido, pero al paso del tiempo supe que estaría bien por si mismo. Eso debí saberlo desde antes, pues lo encontré solo entre mucho y nada y posiblemente hasta más independiente que yo había logrado ser.

Había llegado nuevamente el verano y Mónico segúía siendo ese pequeño ser que sólo se preocupaba por caminar, casi correr; y por alimentarse. Durantre ese período me ausenté un poco del cuidado constante que tenía hacia él y desconocía la plaga de ratas que se habían generado cerca de nuestra casa.

Un día por la tarde, al llegar del trabajo salí a buscar al pequeño Moniquillo para darle agua y comida. El pequeño no estaba como de costumbre. Lo busqué durante una hora aproximadamente, hasta que vi el tanque de gas y detrás vi sus pequeñas patitas. Sentí un gran alivio al verlo atorado entre el tanque y la pared, así que me encaminé despreocupadamente hacia él y lo levanté. Al tenerlo entre mis manos, parte de su cabecita cayó al suelo. Mi pequeño Moniquillo había sido asesinado por una carroñera y errabunda rata. Había sido mordisqueado y desgarrado. Tenía ya un solo ojo y parte del cartílago que moldeaba su frágil pescuecito. Estaba ahí, casi completo, pero Mónico ya no era Mónico el fuerte, el caminante, el valiente. Ahora sólo era los restos del manjar de las ratas.

Posteriormente, con frecuencia pensaba en lo mucho que me odió por haberlo sacado del lugar al que pertenecía y el miedo y el dolor que sintió al ver a la hambrienta rata. ¡Pobre Moniquillo! Tan sólo era un pequeño tortuguín de apenas un año.

Nunca volví a levantar tortugas y ahora, sólo me queda el recuerdo de lo que Mónico fue y sigue siendo: la forma en que se inclinaba a tomar agua, la inmovilidad que adquiría cuando alguien se aceraba a él y un seco, vacío y solitario caparazón.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

maldita rata hijedesuputisimarataadre!!!!!!
ne ne me dolió roja, en verdad me dolió lo que has escrito
mis condolencias por su mónico
pinche rata animal rastero escoria de la vida... me acordé de alguien...
cambio y fuera rojina
:D

"The comedian" dijo...

que onda
este ya lo habias subido a tu metro no?
bueno como quiera pobre tortuga
y pinche rata mamona.
pero asi pasa cuando sucede.
y pues no hay otra que hacer más que resignarse nimodo.

mi tio tenia un perro con el que yo me encariñe mucho y un día lo regalaron a un señor de un rancho y ahi un pinche camionero que andaba ebrio le avento el camion encima al pobre jarry
se siente gacho cuando pierdes a un animal al que querias.
bueno nos vemos
cuidate
bye

Anónimo dijo...

yo cçomo le llore a mi perro coker!!! aun lo extraño, neeee.

Y si me gusto su historia!!

oiga cuando lo de la palapa, hayq ue organizarnos!! siiiii
ya quiero ir!!!

bueno, lo siento me emociono de más! jejejee

pos entonces le mando saludillos y la ando viendo por la escul, bye