Sol solecito, sol colorado rueda que rueda redondo has quedado
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Fantasìa y realidad

Esta foto es de mi època de preescolar cuando bailaba las rolitas de las muñequitas Elizabeth. ¡Uy, malditas muñecas comerciales! en lugar de traer felicidad a mi vida, sòlo me trajeron lágrimas. Lloré mucho cuando pusieron su local de accesorios en los locales del centro comercial Soriana Coss, porque a fuerza quería la muñeca de trapo que costaba miles de pesos, quería que me cortaron el cabello "largo" y rizado como la muñequita Anacelia y quería el vestidito de gala, pero como no teníamos dinero para un vestido tan costoso, con mis desesperantes gritos obligaba a mamà a confeccionar esos vestiditos para que yo fuera feliz. Lo siento madre perdona tanta insensatez.
Tenía todos los cassettes y siempre estaba lista frente a la televisión a las 4 p.m. lunes, miércoles y viernes. No me gustaba el final del programa porque llevaban muchos niñitos para rifarles un pastel de la olvidada pastelería "Letty" y eso pudría, porque ni me iban a dar nada y jamás probaría esos pasteles de las lejanas tierras regiomontanas. Cuando terminaba de ver el programa prendía el estereo que por cierto terminé con él escuchando las muñequitas, Tatiana, Gaby Rivero, Gloria Trevi, Garibaldi (Ay, ay ¡banana!) y otros éxitos del momento. En fin, me ponia mi gorro con cordones largos y hacía creer a mí misma que tenía el cabello largo y comenzaba a bailar la canción de los pollitos: Los pollitos dicen pío pío pío cuando tienen hambre, cuando tienen frío, la mamá gallina... algo así.
Y así, año tras año las muñequitas Elizabeth eran mis ídolas, pero ¡ooh desilusión! cuando fui a la fiesta de mi vecinito Beto. Me habían dicho que vendrían las muñequitas y todo el elenco animal. Batallé mucho para ir porque tenía miedo, pensaba que la pulga o pimpon me comerían, pero al final fui. Fue todo un reto entrar a la casa. Me acuerdo que entré toda temblorosa y asustada, mi reto era llegar al final de la casa y en menos del minuto corrí y llegué.
Estando ya en el patio nunca olvidaré ese acto horroroso y traumático. Eran unas vaqueritas piratas saltillenses ni muñequitas eran, feas y mal maquilladas, los animales de botargas deformes y mal cosidas y yo ahí atrás de los niños deshecha y desilusionada con una lágrima saliendo lentamente por mi mejilla y encajando mis uñas en la mano de mi pobre mamà, quien ha tenido que soportar todas las desilusiones de mi vida. Después de eso nunca más volví a escucharlas ni a verlas, aparte después me enteré que el pato patito había embarazado a la muñequita anacelia =(.
Ahora las volví a ver porque mi hermanito champi las ve, pero las pobres muñequitas ya están para llorar, no todas pero si algunas, y como los niños de ahora son muy morbosos, ellas se valen de su cuerpo viejo cirujeado y minifaldas. Lo bueno de todo esto es que salí libre de esa adicción, obteniendo solamente un lápiz blanco con estampado del perverso pato patito.
1 comentarios:
Jajajaja… ¿Esos noventa fueron difíciles no? jejeje
Yo no me hice adicta a las “muñequitas”, contrario a eso me medio obsesioné con cepillín. Me gustaban mucho sus canciones pero dentro de mí, sabía que no era mi destino conocerlo en vivo. Jajaja, por eso dejé de ver su programa. A mi primo Beto, si le gustaban las muñequitas, y por eso es que mas o menos recuerdo la dinámica del programa.
Ahora bien, lo que me dices del pato patito me sorprende!! Jajaja, como que embarazo a la muñequita anacelia… (si mi memoria no me falla es la de voz chillona y cabello negro y lacio)
Bueno pss…de las cosas que se entera uno no?
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