El cielo aguamar (onírico I)

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Sólo me sostenía con mis frágiles manos de una delgada malla. Mis dedos cada vez se tornaban más rojos y se hinchaban más, cada minuto perdían más fuerza. Sólo miraba con pánico desde la ciudad de las nubes hacía la diminuta ciudad.

No me dejaba en paz esa sensación de vértigo cuando volaba colgada de ese gigante globo multicolor elevado por el fuego. Aquellos primerizos jóvenes tontos no habían logrado armarlo debidamente, pues la barquilla, en la que se suponía yo podría sentarme a observar tranquilamente se había desprendido.

Tenía miedo y la mayor parte del tiempo prefería cerrar los ojos. El viento chocaba contra mi cuerpo. Cuando veía hacia abajo lograba ver interminables pantanos, lagos y personas transmutadas en pequeñas hormigas. En el aire, a lo lejos, lograba ver un globo vecino que trataba de acercarse hacía la gran sábana voladora y a mí.

Mis dedos eran tan frágiles que ya no resistían más, poco a poco se resbalaban. Había llegado el momento. Mis dedos se habían cansado. De inmediato pasó lo esperado. Ahora mis manos ya no tocaban nada. Mi cuerpo descendía envolviéndose en el viento acompañado de una lluvia de centenares de mariposas muertas. Esuchaba veloces murmullos de aire. La caída había terminado. Ahora, mi cuerpo acostado boca arriba reposaba sobre las nubes bajo el cielo aguamar.

1 comentarios:

Beltrán Leyva dijo...

me gustó un chingo eso de la lluvía de mariposas muertas...
y eso de la ciudad de las nubes, me sonó a una rola de soda stereo "la ciudad de la furia"

"me verás volar, por la ciudad de la furia... me verás caer, como un ave de presa"

saludos anallely
sacas las bielas y vamos a la sierra
jeje